Cerebro ejercitado = cerebro sano


Por muchos años los educadores y otros especialistas han intentado persuadir a los padres sobre los beneficios de que los niños aprendan un segundo idioma. Lejos de causar inconvenientes en el desarrollo de la primera lengua, el aprendizaje de la segunda ofrece desafíos y genera motivación para analizar la lengua materna y perfeccionarla. Los niños bilingües han sido parte de estudios de investigación cuyos resultados reconocen que en el transcurso del aprendizaje los menores han adquirido habilidades que luego aplican al aprendizaje de otras asignaturas.

En una reciente publicación The Economist (www.economist.com) menciona la investigación realizada por Roberto Filippi, de Anglia Ruskin University (Reino Unido), sobre la concentración que los bilingües demuestran en situaciones en que otras personas se distraerían fácilmente.

Los últimos descubrimientos además aseguran que los adultos también nos beneficiamos al acercarnos al entrenamiento en otro idioma. El cerebro ejercitado en dos idiomas opera más eficientemente y en casos en que se viera a afectado por la demencia senil, esta condición sobrevendría aproximadamente cinco años más tarde que en personas monolingües. El ejercicio mental se compara con el beneficio análogo de ejercitar el físico. “Mens sana in corpore sano” sería coherente con cerebro ejercitado es cerebro sano.

El aprendizaje de otro idioma, por otra parte, nos permite acceder a conocimientos variados, culturas diferentes, comprensión de nuestra propia cultura y eventualmente una mejor relación con otras personas. Hablar y comprender otras lenguas facilita las relaciones sociales y comerciales y habilita para realizar acuerdos y contrataciones sin interferencias.

Hablar un segundo idioma – o más – ha dejado de convertirnos en miembros de una elite. En nuestros tiempos una segunda lengua es una necesidad. Nos confiere el poder de la comunicación directa y la promesa de un futuro más saludable.